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Madrid, 12 de enero

El pasado 12 de enero celebramos en Madrid el taller “El azúcar, ¿amiga o enemiga?”, una actividad participativa diseñada para comprender qué papel desempeña el azúcar en nuestra alimentación y aprender a identificarlo en los productos que consumimos habitualmente.

Durante la sesión, las personas participantes pudieron descubrir que el azúcar no debe entenderse simplemente como un alimento “bueno” o “malo”. La clave está en conocer qué tipos de azúcares existen, dónde se encuentran, en qué cantidad los consumimos y con qué frecuencia forman parte de nuestra dieta.

Ficha rápida del taller

Nombre: El azúcar, ¿amiga o enemiga?
Lugar: Madrid
Fecha: 12 de enero
Formato: Taller divulgativo y participativo
Temática: Azúcares, etiquetado y hábitos alimentarios
Público: Niños, familias y comunidad educativa
Actividad realizada: Análisis de etiquetas, comparación de productos, mitos y ejercicios prácticos

Aprender a mirar más allá del sabor dulce

El taller comenzó con una pregunta:

¿Sabemos realmente cuánto azúcar consumimos cada día?

A partir de esta cuestión, analizamos diferentes alimentos y bebidas presentes en nuestra vida cotidiana. Algunos eran claramente dulces, pero otros escondían cantidades de azúcar que sorprendieron a los participantes.

Descubrimos que el azúcar puede encontrarse en productos como:

  • Refrescos y bebidas energéticas.
  • Zumos y batidos comerciales.
  • Cereales de desayuno.
  • Galletas y productos de bollería.
  • Yogures y postres lácteos.
  • Salsas preparadas.
  • Panes y productos procesados.
  • Alimentos aparentemente salados.

Esta actividad permitió comprobar que no siempre podemos saber cuánto azúcar contiene un producto únicamente por su sabor o apariencia.


Azúcares naturales y azúcares añadidos

Uno de los principales contenidos del taller fue aprender a diferenciar entre los azúcares presentes de forma natural en ciertos alimentos y los azúcares añadidos durante su elaboración.

Por ejemplo, la fruta contiene azúcares de manera natural, pero también aporta agua, fibra, vitaminas y otros componentes. No es lo mismo consumir una pieza de fruta que una bebida azucarada, aunque ambas puedan tener un sabor dulce.

También hablamos de los distintos nombres con los que el azúcar puede aparecer en las etiquetas:

  • Azúcar.
  • Sacarosa.
  • Glucosa.
  • Fructosa.
  • Jarabe de glucosa.
  • Jarabe de maíz.
  • Dextrosa.
  • Maltosa.
  • Miel.
  • Concentrados de zumo.

Reconocer estas denominaciones ayuda a interpretar mejor la lista de ingredientes y a tomar decisiones más informadas.


Un taller práctico y participativo

La actividad combinó explicaciones sencillas con ejercicios prácticos. Los asistentes trabajaron con etiquetas reales, compararon productos y realizaron pequeñas pruebas para descubrir cuáles contenían más azúcar.

Entre las dinámicas desarrolladas se incluyeron:

Comparación de etiquetas

Analizamos la información nutricional de diferentes productos y aprendimos a localizar el apartado de hidratos de carbono y azúcares.

¿Cuánto azúcar hay aquí?

Representamos visualmente la cantidad de azúcar presente en algunas bebidas y alimentos mediante cucharaditas o equivalencias sencillas.

Ordena de menor a mayor

Los participantes tuvieron que ordenar varios productos según la cantidad de azúcar que pensaban que contenían. Después comprobamos los resultados consultando sus etiquetas.

Mito o realidad

Resolvimos preguntas habituales como:

  • ¿El azúcar moreno es siempre más saludable que el blanco?
  • ¿Los productos “sin azúcar añadido” no contienen azúcar?
  • ¿Un zumo equivale siempre a una pieza de fruta?
  • ¿Todos los hidratos de carbono son azúcar?
  • ¿Los alimentos infantiles tienen necesariamente menos azúcar?

Estas actividades ayudaron a desmontar algunas ideas muy extendidas y a comprender la importancia de consultar información fiable.


¿Amiga o enemiga?

La conclusión del taller fue clara: el azúcar no puede considerarse de forma aislada como amiga o enemiga.

Los azúcares cumplen funciones dentro del organismo y forman parte natural de numerosos alimentos. Sin embargo, un consumo frecuente o elevado de productos con azúcares añadidos puede desplazar otros alimentos de mayor interés nutricional.

Por ello, es importante prestar atención a:

  • La cantidad consumida.
  • La frecuencia.
  • El tipo de producto.
  • El conjunto de la alimentación.
  • Los hábitos de cada persona.
  • La información que aparece en el etiquetado.

El objetivo no es tener miedo al azúcar, sino aprender a reconocerlo y consumirlo de manera consciente.


Ciencia para tomar mejores decisiones

A lo largo de la jornada comprobamos que la educación alimentaria no consiste únicamente en memorizar normas. Se trata de adquirir herramientas para observar, comparar, preguntar y decidir.

Este taller permitió acercar la ciencia de la alimentación a situaciones cotidianas como hacer la compra, preparar el desayuno o elegir una merienda.

Los participantes se llevaron ideas prácticas para aplicar en casa:

  • Comparar productos similares.
  • Consultar la cantidad de azúcares por cada 100 gramos o mililitros.
  • Revisar la lista de ingredientes.
  • Priorizar alimentos poco procesados.
  • Evitar clasificar todos los alimentos únicamente como buenos o malos.
  • Disfrutar de los productos dulces de forma ocasional y consciente.

Una experiencia para aprender juntos

La sesión celebrada en Madrid fue también un espacio para compartir preguntas, experiencias y dudas.

Niños y adultos participaron activamente, descubriendo que detrás de una etiqueta, una bebida o una receta se esconden conceptos de química, nutrición, tecnología de los alimentos y salud.

Talleres como “El azúcar, ¿amiga o enemiga?” nos permiten cumplir uno de los principales objetivos de El secreto de tu plato: acercar la ciencia a la sociedad de una manera comprensible, útil y participativa.


Seguimos descubriendo los secretos de los alimentos

Esta actividad es solo una parte del recorrido.

Continuaremos organizando talleres, publicando recursos y compartiendo nuevos contenidos para ayudar a niños, familias y profesorado a comprender mejor aquello que comemos.

Porque conocer lo que hay en nuestro plato es el primer paso para tomar decisiones más informadas.